Mucha gente inquieta con los temas de batalla cultural me ha preguntado como responder a ciertas preguntas o aseveraciones capciosas que los colectivistas y los izquierdistas enclosetados tratan de lanzarnos todos los días. No es un tema fácil de responder porque cada debate y cada conversación trae su propia dinámica y cada interlocutor tiene su intencionalidad y honestidad intelectual propia.
Con el ánimo de entender ese tipo de interacciones, en este texto les voy a compartir un ejercicio práctico y más adelante una herramienta concreta que he diseñado para todos los interesados en enfrentar con éxito estos debates y cuestionamientos.
La batalla cultural exige que tengamos conceptos claros, pero eso es apenas la mitad. En el substack de esta semana sobre la valla de nopidopermiso les compartí que para comunicar ideas había que tener doble personalidad: pensar como un nerd y hablar como un rebelde. El debate es uno de esos lugares donde toca ser los dos, y en tiempo real.
Por ello, nos tenemos que preparar. La izquierda colectivista lleva años entrando, y aunque sus argumentos de fondo son profundamente inmorales, en las lides de la pelea callejera son extremadamente hábiles. Pero ya estamos despertando, y herramientas de entrenamiento como estas que quiero compartir nos van a ayudar a mejorar.
Debate típico
Este es un ejercicio hipotético entre dos personas. La primera es una persona que cree en la libertad y en la autonomía del individuo. A esta persona la llamaremos Milton Javier, en alusión a la IA que está disponible en nopidopermiso.com. La segunda es un centrista marrullero cuya intención es la de sabotear el esfuerzo que hacemos de promover las ideas de la libertad. Lo llamaremos Vladimir. Es un centrista con baja honestidad intelectual, lo único que quiere es ridiculizar nuestra posición, siempre caricaturizando para evitar tener que dar el debate de ideas. Vladimir es el típico estatista estructurado, que dice ser centrista, que cree en la regulación estatal y que tiene un diploma en la casa que dice: “El mercado hasta donde sea posible, el Estado hasta donde sea necesario”. Es el mismo que aboga siempre por el justo medio, el que confunde prudencia con moderación. En últimos es el habitante de Corea del Centro como los llama Juan Mario Giraldo.
Este ejercicio está basado en la experiencia que he tenido, donde ya me es más fácil identificar los trucos retóricos y las herramientas semánticas que utilizan. Haremos un contrapunteo de dos rondas, con análisis corto entre cada ronda. Todo ello como abrebocas a la herramienta posterior que presentaré.
Ronda 1
Milton Javier: En los temas de batalla cultural, es muy importante enaltecer la agencia del individuo, y para ello se requiere un entendimiento perfecto de lo que significa libertad en su definición más pura que es la negativa: la libertad es ausencia de coacción externa por parte de terceros y del Estado. Y con ese entendimiento, nos queda claro que toda coacción es ilegítima por principios y no por resultados. Quien coacciona convierte a otro en instrumento de fines que no escogió.
Vladimir: Hombre Milton. Siempre andas hablando de libertad, todo muy bonito. Pero es que las cosas hay que aterrizarlas a la realidad. Con esas ideas tuyas pretendes vendernos la idea que podemos eliminar el Estado y vivir en un mundo ideal de plena libertad. Milton, primero eso no ha ocurrido nunca en la historia. Y segundo, aunque pueda estar de acuerdo con los principios de la libertad, el Estado se necesita para coordinar una vida civilizada en sociedad.
Análisis: Notemos como Vladimir siempre evita debatir la idea. No contradice la definición de libertad. Trata de caricaturizar la posición aludiendo a que todo eso es teórico o utópico. Le atribuye a Milton una posición que nunca planteó, la de eliminar el Estado. Es un truco retórico útil para refutar la idea que no se dijo y evitar discutir la idea de la coacción. Es el viejo truco de responder otra cosa. Ahí tenemos que insistir en lo moral. En el terreno de la utilidad el estatista nos gana por cansancio porque nos va a hablar de hospitales y carreteras. En lo moral no se le ofrece esa salida. Que el Estado haya existido siempre no lo hace legítimo —la esclavitud también fue milenaria—, y un buen resultado no autoriza los medios.
Ronda 2
Milton Javier: Vladimir, te reconozco que eres hábil, pero no respondiste. Y me atribuiste algo que no dije: yo no propuse eliminar el Estado, dije que la coacción es ilegítima. Te repito la pregunta: ¿de dónde sale el derecho de unas personas a obligar a otras? No me digas para qué sirve, dime de dónde sale. Si el fundamento es la utilidad, cualquier cosa suficientemente útil queda autorizada. Y lo otro: la gente se coordina todos los días sin que nadie la obligue. Lo que el Estado aporta no es la coordinación, sino la obligación.
Vladimir: Jajaja, Milton, ya te pusiste filosófico. ¿De dónde sale el derecho? De la Constitución y de las urnas. ¿O los millones que votaron tampoco cuentan porque a ti no te gustó el resultado? Y eso de que la gente “se coordina sola” está muy lindo. Se coordina sola porque hay jueces y hay policías. Quítalos y me cuentas cómo te va con el vecino. Alguien tiene que poner el semáforo, hermano. Todos vivimos del Estado. La diferencia es que unos lo admitimos y otros posan de rebeldes libertarios en Twitter. Yo no soy extremista, solo quiero un Estado que funcione. En últimas, te invito a ser un libertario práctico parcero.
Análisis: La dinámica es siempre la misma. El centrista buscará ridiculizar y el libertario tratará de encarrilar la conversación. En cualquier momento Milton Javier puede cerrar el debate con la criptonita: Vladimir, de todo lo que hemos hablado, está claro entonces que aceptas el uso de la fuerza contra una persona pacífica siempre que haya una mayoría que lo respalde y un fin que a ti te parezca bueno. No te estoy acusando de nada, te estoy pidiendo que lo digas en voz alta. Porque si lo aceptas, ya no estamos discutiendo si hay coacción sino cuánta, y esa discusión es de grado, no de principios. Y si no lo aceptas, entonces contéstame de dónde sale ese derecho.
En este debate nunca vamos a convencer a Vladimir. Se trata es de convencer a la audiencia. Y eso lo logramos con la dimensión moral de la conversación, pues ello resuena en los corazones de la gente . Todos hemos sido obligados alguna vez y todos sabemos cómo se siente. Ese recuerdo pesa más que cualquier estadística.
Sparring profesional para debatir
Afortunadamente no tenemos que imaginarnos estos debates ni buscar a un Vladimir en el barrio ni en la oficina. Milton Javier de nopidopermiso evolucionó y nos trae ahora un módulo de debate muy interesante. Recordemos que Milton Javier nació para responder preguntas. Ese módulo original continúa.
Pero en el módulo nuevo de debate ya no le preguntamos a Milton Javier, nos enfrentamos con él. Funciona así:
Escogemos quien queremos ser. Podemos elegir ser el defensor de la libertad o el colectivista que la niega. Milton Javier automáticamente asume la posición contraria.
Comenzamos nosotros el debate con una frase, argumento o aseveración.
Milton Javier nos responde de forma contundente y contestataria.
Podemos contraargumentar y nuevamente Milton Javier nos va a responder. Podemos repetir este ciclo cuantas veces queramos.
Nosotros damos por terminado el debate. Pulsamos el botón “Terminar debate”.
El aplicativo nos saca un veredicto dando al ganador, con un análisis explicativo detallando los argumentos de cada uno de los contrincantes.
Este módulo de debate es muy útil para entender los argumentos que los colectivistas siempre van a usar. Por eso les recomiendo un ejercicio contraintuitivo: jueguen de libertarios. Así obligan a Milton Javier a ser colectivista y pueden entrenarse contra los argumentos que encontrarán en la calle. Eso es lo más parecido a la realidad.
Milton Javier tiene ya tres módulos:
Preguntar: el original, el chatbot para preguntas simples y rápidas. Milton Javier responde con las ideas claras de Milton Friedman pero con el tono contestario de Javier Milei. Este módulo es para el uso diario y cotidiano.
Debatir: ya lo vimos. Herramienta para profundizar conceptos y entender como nos “va a saltar la liebre”.
Analizar: Podemos subir imágenes o archivos y Milton Javier nos da un diagnóstico libertario.
Cierre
La batalla cultural no se gana teniendo razón en silencio. Tampoco memorizando a Hayek, Mises o Friedman. Se gana entendiendo el argumento, detectando la trampa y sabiendo responder cuando alguien la pone sobre la mesa. Para eso tenemos que entrenar. Afortunadamente Milton Javier está disponible como sparring.
En nopidopermiso continuaremos desarrollando herramientas para ayudar a promover las ideas de la libertad.



Hay una pregunta que me parece especialmente interesante para este ejercicio de “sparring”:
Cuando alguien dice “la guerra la hacen los hijos de los pobres” para cuestionar que el Estado enfrente militarmente a grupos armados, ¿cómo se debería encarrilar el debate sin aceptar de entrada el marco colectivista de que el problema es que “los pobres” son utilizados por “los ricos”?