Llevaba meses con la idea de montar un curso de batalla cultural por la libertad. Estructurado, con módulos, con bibliografía. Hacía toda la lógica del mundo, como extensión natural a este esfuerzo que vengo haciendo estos meses. Sería el complemento perfecto a los escritos, debates y conversaciones alrededor de las ideas de la libertad. En últimas, un curso de batalla cultural ayudaría a difundir el tan anhelado cambio de mentalidad que requerimos.
Ese curso lo estructuré alrededor de cuatro módulos, 75 minutos cada uno. El primer módulo titulado “Introducción al liberalismo clásico” me tomó tres semanas en armarlo. Diseñé diapositivas, estudié, le traté de poner un estilo menos aburrido y finalmente lo grabé. Y me decepcionó. Era, literalmente, la cura contra el insomnio. Acartonado, aburrido, sonaba a clase de profesor de historia dando cátedra con mucha propiedad sobre cultura precediendo a la política. Citando autores, todo correcto, todo verdadero, pero todo insoportable.
Se lo mostré a mi esposa, y no me dijo nada. Se lo mostré a mis hijos, y no entendieron lo que yo pretendía. Pero, en el fondo, ese silencio e indiferencia me hablaron fuerte sobre lo que yo necesitaba. Fue ahí que caí en cuenta de algo obvio que llevaba meses sin ver. La batalla cultural no se gana explicando. Se gana en el momento en que alguien lee seis palabras y se queda incómodo. Nadie cambió de idea porque le hicieran entender. La gente puede cambiar de idea cuando una frase se le atraviesa, le queda dando vueltas en la cabeza y descubre que lo que creía no era tan cierto. Y eso no cabe en un módulo de un curso, eso cabe en una valla.
La valla rebelde
Así nació la idea. Puro ensayo y error. Intenté un curso, no me gustó, recibí señales en ese sentido, y ahora ensayo otra cosa. O como lo hubiera dicho en el curso, “el orden espontáneo y su función epistémica en la coordinación descentralizada del conocimiento disperso”. Ya entenderán porque me anima mucho más la valla.
Lo de la valla surgió también de dos observaciones fundamentales. La primera fue mirar las vallas de Medellín. Todas venden algo y son tantas, que no se recuerda a ninguna. ¿Y qué tal una valla que no venda nada, pero que invite a pensar? Vale la pena el ensayo, creo. Hay un par de vallas así en la ciudad, que invitan a la reflexión, así sea relacionado con otros temas de la publicidad, y siempre me han llamado la atención.
La segunda observación me tomó más tiempo y es lo que de verdad explica el proyecto de NOPIDOPERMISO. El hallazgo es que para comunicar ideas hay que tener doble personalidad. Una idea que solo es rigurosa no viaja o no vende. Se queda entre los que ya la entienden o en los muy inquietos. Y una idea que solo es provocadora solo aguanta lo que dura un aplauso. Toca tener las dos personalidades y al mismo tiempo. Igual a un presidente de un país que tiene que ser buen político y gerente a la vez. Y lo del presidente aplica no solo en un país, es idéntico en la empresa privada.
Por eso NOPIDOPERMISO tiene dos caras. El nerd investiga antes de afirmar, contextualiza, argumenta con evidencia. El Rebelde cuestiona el consenso, incomoda cuando hay que incomodar y no le corre a la controversia. Piensa como un nerd, habla como un rebelde. Y ahí es donde la valla encaja sola. La valla es el rebelde. Pocas palabras, sin matices, sin bibliografía, puesta donde nadie pidió verla. Las piezas complementarias son el nerd donde se exponen las fuentes, las cifras, las objeciones y la letra menuda. Dos personas en un mismo cuerpo, dividiendo labores.
Una valla cada mes con piezas complementarias
Esta primera valla está ubicada en el alto de Las Palmas en Envigado, zona del Columbus School, en sentido Rionegro hacia Medellín. (abajo foto real de hoy).
Cada mes cambia la frase. La primera se titula “El Estado NO somos todos”, y es la NPP/001. El curso no desapareció. Cambió de forma. Cada valla es un minicurso alrededor de una idea.
Y cada valla viene con tres piezas:
Un clip corto. Menos de un minuto. Es el tráiler de la idea. El clip sale en NOPIDOPERMISO y en las redes de 10AMPRO.
Un substack completo. Lo que no cabe en video. Las fuentes, las objeciones, la letra menuda. Disponible en NOPIDOPERMISO.
Una conversación. Cada valla tiene una opción de diálogo. Entras a NOPIDOPERMISO y vas a la valla correspondiente si quieres comentar o debatir.
Las vallas como curso
Doce meses, doce frases. Al final no va a haber un curso, sino una conversación permanente sobre las ideas de la libertad. Y ello sumado a los otros esfuerzos, espero que vamos ampliando este movimiento hasta convertirlo en una ola. Y las buenas olas hunden los barcos que ya no sirven, pero empujan a los que tienen la orientación correcta.
Puedes ver la primera valla ya en NOPIDOPERMISO.COM



Nico felicitaciones por este proyecto!
Super idea!!!