El espejo para el vampiro
En las discusiones sobre batalla cultural, ineludiblemente hay que pasar por el tema de la libertad económica. Y ello es obvio, aunque a veces no nos parezca evidente, porque sin propiedad privada ni libre mercado, el Estado decide qué ideas se financian, qué medios sobreviven y qué cultura se produce. Sin libertad económica, la batalla cultural ya está perdida de antemano porque el enemigo tiene el presupuesto. Y por ello, en esta batalla necesitamos soldados. Yo ya formé a uno de ellos, un Cyborg llamado Milton Javier, un guerrero que sirve como el mejor sparring para temas de libertad. Este aliado está disponible para consultas gratis para todos los lectores en la plataforma nopidopermiso.com, donde la libertad no se negocia.
Pero, más allá de razones históricas y fundamentos económicos que a veces confunden y aburren a cualquier persona, se puede exponer el tema de la libertad económica desde lo más potente y sencillo: la evidencia empírica. Y los datos revelan una verdad que no se puede ocultar, aquella que nos dice que los países más libres son los países más ricos. Existen varias organizaciones que investigan fuertemente este tema, pero tal vez hay una publicación que condensa toda esa información en una sola foto que es muy elocuente. Es el gráfico de libertad económica que publica anualmente el Fraser Institute, que vemos más abajo.
Ese gráfico nos muestra una relación positiva y directa entre libertad económica y riqueza. El Fraser Institute mide el grado en que las instituciones y las políticas de cada país permiten a las personas tomar sus propias decisiones económicas, utilizando 45 componentes y subcomponentes agrupados en cinco grandes áreas:
i) el tamaño del gobierno: qué tanto pesan el gasto público y los impuestos sobre la economía,
ii) el sistema legal y los derechos de propiedad: qué tanto se respetan los contratos y se protege lo que es de cada uno,
iii) la solidez de la moneda: si el Estado puede o no expropiar valor mediante inflación,
iv) la libertad para comerciar internacionalmente: aranceles, barreras, controles cambiarios,
v) y la regulación del mercado laboral, financiero y empresarial.
Cada componente se evalúa en una escala de 0 a 10, y el resultado final deriva en un escalafón que cubre 165 países, y lo vienen haciendo desde 1970. El veredicto de este gráfico es contundente: los habitantes del cuartil más libre del mundo ganan en promedio 6.2 veces más que los del cuartil menos libre. Punto. Y si entramos al detalle del informe completo, veremos que esas personas viven 17 años más y enfrentan tasas de pobreza 25 veces menores. La mortalidad infantil en los países menos libres es casi diez veces mayor que en los más libres.
Obviamente que los colectivistas y los fanáticos de la religión del Estado no aceptan estos datos. Mostrarles este gráfico es como mostrarle un espejo a un vampiro: se retuercen, chillan y empiezan a recitar conjuros como si un cura los estuviera exorcizando: “¡Neoliberalismo!”, “¡think tank de derecha!”, “¡ideología disfrazada de ciencia!”. Cualquier cosa con tal de no mirar lo que muestra el espejo. Esos vampiros son los mismos que juran odiar el libre comercio, pero cuando les preguntan por Cuba, la culpa ahí sí es del bloqueo comercial. Los mismos que detestan la propiedad privada, pero defienden a muerte su apartamento, su carro y su Netflix. O también los hay de coctel, exigiendo pitillos de papel mientras queman jet fuel en su avión privado. Cantan Bella Ciao en marchas convocadas por WhatsApp, organizadas en Google Docs, transmitidas por Instagram Live y financiadas por GoFundMe. Tal vez la única coherencia que sí nos demuestran es su desprecio por la higiene: de ese jabón opresor y patriarcal no compran ni usan, y eso se nota bien fuerte a tres cuadras.
Y como toda fe necesita herejes y enemigos para sostenerse, cuando se les acaban los argumentos —y se les acaban bien rápido— recurren al manual de siempre: el grito, la descalificación, la cancelación, y lo que más les gusta: la turba y la violencia. El espejo funciona y no lo pueden aceptar. Los refleja exactamente como son: no equivocados, sino convencidos, no ignorantes, sino militantes, no víctimas de un sistema, sino sacerdotes de una religión que ya cobró más de cien millones de muertos en el siglo XX. Y esa religión todavía tiene el descaro de pedir más diezmo.
Los de la San Marino objetan el argumento
Llegado este punto, ya se escucha la objeción favorita del progresista universitario que estudió seis semestres en la San Marino: “correlación no es causación”. Y parece en principio tener algo de lógica, pero sabemos que no resiste mucho debate, veamos las razones.
Que dos cosas se muevan juntas no significa que una cause la otra, cierto. El ejemplo clásico y muy recitado es de los helados y los ahogamientos. Si uno mira las cifras, descubre que en los meses donde más helados se venden, también más gente se ahoga en piscinas y playas. La correlación es altísima. La explicación real es trivial: hace calor, la gente come más helado y se mete más al agua. Estadísticamente entonces hay una tercera variable —el verano— que mueve a las dos primeras. En estadística esto se conoce como factor de confusión. Y sí, es un problema real porque puede llevar a conclusiones espurias.
Podría entonces haber una tercera variable que sea el factor de confusión. Podría ser que los países ricos se vuelven libres porque ya son ricos, no al revés. Podría ser una coincidencia masiva sostenida durante 50 años en 165 países. Podría ser que los datos están manipulados por una conspiración de economistas con corbata. Todo podría ser. Pero en el caso de la libertad económica y la riqueza, los economistas llevan décadas buscando ese “verano” oculto y no lo encuentran. Los sospechosos habituales son la geografía, los recursos naturales, la herencia colonial, la religión dominante, la cultura, el clima, la composición étnica o, el tamaño de la población. Todos esos factores se han compilado en regresiones econométricas con cientos de variables de control durante décadas. Mientras nadie pueda nombrar y medir esa tercera variable, la objeción se queda en el plano teórico, no en el empírico.
Y a pesar de no encontrar esa tercera variable misteriosa, las herramientas estadísticas para confirmar la causalidad entre libertad y riqueza existen y son muy robustas. Se llaman estudios de causalidad, y operan analizando cambios en la libertad económica de un país a lo largo del tiempo y midiendo el resultado posterior con su crecimiento, sus salarios, su pobreza. No es comparar países en una foto. Es seguir al mismo país a lo largo de décadas, antes y después de cada reforma. Cuando un país aumenta su libertad económica, su crecimiento se acelera en los años siguientes. Cuando la reduce, su crecimiento se desploma. Robert Lawson, senior fellow del Fraser Institute, publicó en 2022 un meta-análisis revisando 721 artículos académicos para evaluar este tema. El resultado es brutal: la gran mayoría de los estudios encuentra que mayores niveles de libertad económica se asocian con ganancias en prosperidad y bienestar. Menos de 1 de cada 20 estudios encuentra consecuencias negativas. Es decir, más del 95% del cuerpo académico que ha estudiado seriamente el tema apunta en la misma dirección. No es consenso por imposición ideológica, es consenso por evidencia acumulada durante décadas. O en palabras que un vampiro pueda entender: sí, el agua moja, y se puede comprobar.
Habiendo ya disipado la duda técnica de la causalidad, entonces podemos seriamente establecer unas fuentes de prosperidad:
Donde se respeta la propiedad privada, la gente invierte.
Donde funciona el sistema judicial, los emprendedores se atreven.
Donde la moneda no se devalúa cada lunes, la gente puede planear.
Donde se puede comerciar libremente, los precios bajan y la calidad sube.
Donde la regulación no asfixia, la gente trabaja en lo legal.
A pesar de lo obvio que suena lo anterior, como tratamos con vampiros, había que hacer la diligencia completa de mostrar y validar la causalidad. Pero incluso así, los vampiros van a decir que esto de Fraser no prueba nada. Y nos van a sacar el argumento más reciente de su repertorio. “Pues miren a China”. Con gusto, miremos a China entera. La China que mataba a 45 millones de hambre con Mao, y la China que se hizo rica el día que Deng Xiaoping decidió que el gato podía ser de cualquier color con tal de que cazara ratones. China no contradice a Fraser: lo confirma. Cada punto de PIB chino fue comprado con un punto de libertad económica. Lo que pasa es que el vampiro solamente chupa sangre fresca, y la sangre de los muertos del comunismo ya se secó.
Colombia en el ranking
Si analizamos en detalle el mismo estudio de Fraser, vemos que Colombia tiene un puntaje de 6.38 en libertad económica y ello nos aterriza en el puesto 94 del escalafón, de un total de 165 países. Fraser clasifica a los países por cuartiles, los primeros 41 países con mayor libertad económica, quedan en el cuartil azul del gráfico, y así sucesivamente por bloques de 41 países.*
(*): el último cuartil, el menos libre, el fucsia, incluye 42 países.
Colombia se ubica en el cuartil naranja: el tercero en libertad, o si lo decimos sin eufemismos, el segundo menos libre. En términos futbolísticos, Colombia sería el equivalente al Albacete en La Liga Española, al West Ham en la Premier o a Jaguares en la Liga Betplay. Estuve a punto de decir el DIM pero ya eso sería crueldad extrema con el país. El gráfico no rotula a los 165 países por tema de espacio, pero si lo miramos en detalle, estaríamos un poco más abajo y a la izquierda de Brasil.
Leyendo el estudio completo, somos mediocridad pura. Nuestros vecinos en el escalafón de libertad son Bosnia, Marruecos y Namibia. Y contra los pares regionales nos superan casi todos, le ganamos a Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador. Y si queremos llorar, nos gana hasta Nicaragua en libertad. Importante anotar que el informe de Fraser al que hacemos referencia se publicó en 2025, pero es con datos del 2023. Y sabemos que, si aplicamos la comprobada causalidad, probablemente en los próximos informes, tanto Ecuador como Argentina nos van a sobrepasar pues allí están jugando a subir en el escalafón de libertad económica.
En cuanto a la otra variable, la del eje vertical del gráfico, mide el PIB per cápita ajustado por poder de compra, el famoso PPA (Paridad de Poder Adquisitivo, o PPP en inglés). Ya vimos que los más libres son los más ricos, entonces en el tope de la tabla, en el cuartil más rico y más libre están Suiza, Singapur, Hong Kong, USA, entre otros. Son los países donde el individuo es más libre para ejercer su autonomía económica, y naturalmente donde es más rico, y vive más y mejor.
Somos entonces un país pobre, no del todo, y libre, pero no del todo. Y todo ello deteriorándose rápido porque mientras escribo este Substack, el gobierno actual viene avanzando una agenda que podría llamarse —sin exagerar— el manual completo para bajar puestos en el ranking de Fraser. Las decisiones oficiales son una receta perfecta para pasar al fondo de la tabla, al cuartil fucsia, el más pobre y menos libre, y algunos de esos ingredientes son:
La reforma laboral encarece sistemáticamente la contratación.
La reforma pensional que obliga a todos los colombianos que ganen menos de 2.3 salarios mínimos a cotizar en Colpensiones, eliminando la libertad de elección que existía antes.
La reforma tributaria permanente. A punta de “emergencias económicas” ya subió impuestos por decreto, el más clásico atajo institucional afectando la estabilidad jurídica.
Los ataques verbales y regulatorios contra el sector empresarial son constantes, espantando la inversión cuyo deterioro hasta el propio DANE ya acepta.
Hay muchos más ejemplos, pero la plataforma Substack me limita el espacio, el listado de ingredientes nefastos sería más extenso que las Páginas Amarillas de Publicar.
Cierre
En Colombia, los vampiros de turno siguen tapando el espejo con cifras del DANE, mientras la gente vota con los pies y emigra a países donde el sol sí brilla. Nadie emigra hacia Angola y Gabón, la gente emigra a los países más libres, precisamente para ser más ricos y vivir más y mejor. Porque, aunque la gente no conozca el gráfico de Fraser, intuitivamente lo lleva por dentro. Ese gráfico es en realidad un mapa de navegación, utilizado por los cubanos en balsas apuntando al norte o por los venezolanos en diáspora por el continente. Y ya ese mapa lo vienen utilizando más de un millón de colombianos que han emigrado en los últimos tres años, y la mayoría jóvenes en edad productiva.
Entonces, ahora que se vienen las elecciones, pensemos bien qué candidato nos obliga a usar ese mapa para salir a buscar libertad, o si reconectamos y recuperamos la libertad aquí adentro. Está claro que nos sale más barato como sociedad subir en el ranking de Fraser que perder a la juventud utilizando a Fraser como brújula de navegación para escapar.




Siguiendo la metáfora del espejo, estos extractores de valor "vampiros" prosperan en la opacidad: se mueven mejor cuando la realidad está fragmentada y distorsionada. Justamente porque el espejo está roto —como plantea el libro Colombia Ganadora— pueden capturar rentas, evitar la competencia y sostener privilegios que no resistirían un reflejo completo y transparente del país. Allí prosperan, porque un país que no se ve con claridad tampoco puede corregir las distorsiones que ellos mismos aprovechan.
Grande Nicolás 👏🏼👏🏼👏🏼
Que buenas herramientas nos entregas, gracias hombre